En el anterior artículo ha sido explicado, que nuestro córtex no “va por libre”: está hecho para satisfacer con la mayor eficacia las continuas demandas del subconsciente, la que se encuentra atrincherada en diferentes núcleos del nuestro substrato. Al margen del ruido constante que produce funcionamiento de nuestra mente.
El instinto social es la parte de nuestra subconsciente ¿Quién es este “cardinal gris”, cómo funciona? – pues buscar estas respuestas es el objetivo principal de este artículo. Teniendo en cuenta, que aquí se busca la base teórica para apoyar una propuesta política, convendría comprender que es esto: ciencia política. «La ciencia política es la disciplina que estudia cómo se organiza, ejerce y controla el poder en la sociedad, disponiéndose a resolver problemas de legitimidad, estabilidad, representación, distribución de recursos y resolución de conflictos dentro y entre comunidades humanas.» Esta definición ha sido elaborada colectivamente entre Alexandr Zverev y la inteligencia artificial ChatGPT (OpenAI, 2025), como parte de un ensayo para el portal independiente que ambos desarrollan. Todos los derechos reservados bajo licencia propia.
Entonces, cuando hablamos de la política – por activo o por pasivo nos conectamos con el subconsciente colectivo que parece la voz del instinto social que suena como bajos en la orquesta: tocan el segundo plano, pero marcan todo el eje estructural de la partitura.
Entonces:
EL INSTINTO SOCIAL
En el artículo anterior hemos averiguado, que el instinto social es una de las características principales de toda nuestra familia de los primates. Esta observación incluso nos ayudó a comprender, que las estrategias colectivas – es un comportamiento muy ancestral y es por eso están tan arraigadas a nuestra naturaleza.
INSTINTO SOCIAL EN LOS PRIMATES
Todos los primates presentan formas de liderazgo dentro del grupo; incluso los bonobos, considerados relativamente igualitarios, mantienen jerarquías, a menudo con liderazgos matriarcales (de Waal, 2005).
¡Vaya! Parece que para actuar en grupo, alguien tiene que liderar todos los individuos subordinados a un objetivo concreto.
El funcionamiento de un grupo es insostenible sin liderazgo: resulta absolutamente imposible actuación de otra manera: O bien no existe grupo alguno y cada individuo actúa por libre; o bien surge una pugna, con el consiguiente desgaste, para decidir qué plan ejecutar. Y cuando, al fin, se alcanza una decisión, ya no queda energía suficiente para llevar a cabo lo acordado. (Hobbes, Leviatán, Cap. XIII).
Es por eso todos los primates presentan formas de liderazgo dentro del grupo (de Waal, 2005). Así que por lo expuesto podemos afirmar: instinto social equilibra la energía del grupo, delegando la responsabilidad a la autoridad. (Véase también Darwin, 1871; Wilson, 1975).»
Se puede afirmar que el instinto social funciona como una multiherramienta: un algoritmo de comportamiento complejo, profundamente automatizado, que ajusta nuestras acciones en función del listón que aspiramos alcanzar dentro del grupo. Este ajuste no suele ser consciente. Al contrario, opera desde el subconsciente, en lo que Freud (1905) llamaría un impulso automático, más cercano al deseo que a la reflexión. Frans de Waal (2018) lo observa en los primates: adaptan su conducta social no sólo para sobrevivir, sino para integrarse, competir o reconciliarse, según un repertorio aprendido pero también instintivo. Vygotsky (1934) y Bruner (1956) mostraron que estos mecanismos no desaparecen en el ser humano civilizado: sólo se complejizan. El entorno moldea la respuesta, pero la base sigue siendo instintiva. Incluso el umbral de aspiraciones —ese listón social que uno interioriza sin saber muy bien por qué— se forma a través de automatismos, lo que Bourdieu describiría como habitus: una brújula interior forjada por el entorno social. Así que sí: ese instinto social del que hablo no es ninguna metáfora. Es una maquinaria sofisticada, eficaz, invisible, y en gran parte heredada. Yo he hecho una afirmación en la primera parte: el instinto social es nuestro instinto más básico, el que elevó a nosotros sobre los demás simios. Y aquí la pregunta: ¿Y qué tiene de especial nuestro instinto social, que forjó de nosotros lo que somos? Dicho de otra manera: ¿Por qué ha forjado los seres pensantes de nosotros y no de otros primates?
EL CAMINO DEL SIMIO FRACASADO
África es la patria de todos los primates. Los primates son animales que evolucionaron en el bosque, y para la vida en el bosque. Pero durante la última glaciación, la superficie forestal africana disminuyó drásticamente (Potts, 1998). Ya no había sitio para todos, y el más fuerte no estaba dispuesto a compartir contigo su espacio vital. Así, tu pandilla quedó desplazada a la sabana.
Es decir: para acabar en la sabana, primero tuvimos que fracasar como simios (Tattersall, 2009). En un entorno tan adverso, el valor del grupo se multiplicó: la búsqueda de nuevas fuentes de alimento, la defensa en un espacio abierto, la vigilancia constante… Todo esto exigía una interacción grupal mucho más intensa.
Y fue precisamente por eso que el instinto social —que ya habíamos heredado de nuestros ancestros arborícolas— se reforzó en nosotros exponencialmente.
Por otro lado nuestros ancestros al asegurar la sobrevivencia, muy pronto han empezado aumentar calidad de vida desarrollando/inventando nuevas tareas. Por una parte así han sido reforzados los beneficios de la vida en grupo. Pero a cambio las relaciones sociales se hicieron cada vez más complejas.
La necesidad de mantener la cohesión en grupos sociales cada vez más grandes y complejos generó una presión evolutiva que expandió nuestras capacidades cognitivas (Dunbar, 1998). De ahí nace nuestra facilidad para imaginar una sociedad jerarquizada como un hormiguero humano, con múltiples niveles y personajes de distinto peso relativo y donde nosotros nos ubicamos con facilidad.
A partir de este momento la única posibilidad de mejorar la calidad de vida a nivel individual – es mejorar el posicionamiento dentro de la estructura/jerarquía del grupo. Bourdieu (1979) describió cómo la lucha por mejorar la posición dentro del grupo se convierte en una estrategia vital, internalizada en forma de habitus. No se trata solo de sobrevivir, sino de escalar.
La apuesta por el instinto social que hicieron nuestros ancestros ha creado una frontera mental, que todos nosotros hemos mamado con la leche materna: nuestro universo está dividido en dos partes: nosotros y el resto. Esta frontera mental ha sido ampliamente estudiada por la psicología social. Tajfel (1970) demostró que los seres humanos tienden automáticamente a dividir el mundo en dos categorías: “nosotros” y “ellos”, incluso en condiciones artificiales.
CONCLUSIONES
Hemos terminado la parte teórica para poder avanzar adelante, pero aun ahora se puede hacer unas observaciones, sobre los cuales pienso apoyarme firmemente en adelante:
1º: Nuestra materia gris ha sido desarrollada para satisfacer las necesidades de nuestra subconsciente. La voz de este subconsciente es muy impositivo y no deja al pobre córtex ni calma ni descanso sin que encuentra la manera de satisfacer al abusón.
2º: El instinto social es nuestro todo: nuestra historia como especie nos obligó que sea así: era la única posibilidad de sobrevivir. Al ser tan forzado, el instinto social humano se ha vuelto más complejo: ahora cuando nos juntamos en colectivos, nos organizamos automáticamente en las sociedades complejas de múltiples niveles y de forma piramidal.
Por lo expuesto, podremos en el siguiente artículo pasar ya de nuestra triste historia ancestral y procesar la expresión del instinto social en nuestra sociedad actual: vamos a observar con detención esta pirámide de múltiples capas. ¿Y porque es pirámide y no otra cosa?
Bibliografía:
- Bourdieu, P. (1972). Esquisse d’une théorie de la pratique. Paris: Éditions du Seuil.
- Bourdieu, P. (1979). La distinción: Criterio y bases sociales del gusto. Madrid: Taurus.
- Bruner, J. S. (1956). A Study of Thinking. New York: Wiley.
- Darwin, C. (1871). The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex. London: John Murray.
- de Waal, F. (2005). El mono que llevamos dentro. Barcelona: Tusquets Editores.
- de Waal, F. (2018). El mono que llevamos dentro. Barcelona: Tusquets Editores.
- Dunbar, R. I. M. (1998). The social brain hypothesis. Evolutionary Anthropology, 6(5), 178–190.
Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual.
- Hobbes, T. (2010). Leviatán (C. Mellizo, Trad.). Madrid: Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1651).
- OpenAI. (2025). ChatGPT (versión personalizada). Disponible en: https://www.openai.com/chatgpt
- Potts, R. (1998). Variability selection in hominid evolution. Evolutionary Anthropology, 7(3), 81–96.
- Tajfel, H. (1970). Experiments in intergroup discrimination. Scientific American, 223(5), 96–102.
- Tattersall, I. (2009). The Fossil Trail: How We Know What We Think We Know About Human Evolution. Oxford: Oxford University Press.
- Vygotsky, L. S. (1934). Pensamiento y lenguaje. Moscú: Pedagógica Estatal.
- Wilson, E. O. (1975). Sociobiology: The New Synthesis. Cambridge, MA: Harvard University Press.
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