Parece que la última vez me vine arriba y terminé el artículo un poco brusco. Lo reconozco. En mi defensa, solo tengo una cosa que decir: mi substrato hace lo que le da la gana y yo no tengo nada que ver con todo eso. Yo, de por sí, soy todo blanquito y lanosito.
A cambio, al menos, hemos conseguido algo importante: hemos aclarado que nuestra conducta social está estrechamente relacionada con el instinto social (¿será por eso que se llama social este instinto?). Por lo tanto, solo tienen validez aquellos constructos sociales que no entran en contradicción con su lógica de funcionamiento.
Gracias a la observación de Gaetano Mosca, vimos que quienes gobiernan son siempre una minoría dentro del grupo. Y también nos quedó claro que esta pequeña minoría acumula un gran poder decisivo en la sociedad. Tiene, por tanto, todo el sentido fijar nuestra atención en ese grupo de personas cuya existencia es absolutamente inevitable: forman parte de la partitura del instinto social. Y esa partitura se va a tocar, nos guste o no. Así que más vale estar preparados: tendremos que encajarlo sí o sí.
Hoy hablaremos del
MAL NECESARIO
Y absolutamente inevitable.
Las élites no tienen objetivos extraños ni esotéricos. Al menos no en el campo social. Todo es muy humano: buscan mejorar su calidad de vida tanto como puedan. Uno siempre se siente más a gusto cuando tiene menos limitaciones, así que nunca hay poder suficiente: cuanto más se tiene, mayor es la libertad de decidir.
Y ya sabemos: a cosa hecha el substrato obligará al córtex a justificar la necesidad de lo sucedido y a dormir tranquilo por las noches.
OTRA CARA DE LA MONEDA
Todas las sociedades autócratas, todas las dictaduras, son consecuencia directa de las actuaciones personalistas con apoyo de la élite. Poco a poco, se va apretando la tuerca, oprimiendo a la población. ¿Y la población? Tiene miedo a las represiones. Intenta arreglar su vida personal como puede, al margen… Y otra cosa: cuanto más empobrecida está la gente, más manejable resulta. Cuanto mayor es la necesidad, más fácil es conseguir obediencia absoluta a cambio de muy poco. ¿Será por eso estos países más fácil encontrar entre los más pobres?
Si a alguien le interesa mi opinión: semejante desmadre me parece una bajeza inaceptable. Pero es así como funciona el pequeño universo autócrata: todos están sumergidos en el miedo sistémico, incluido al mismo autócrata.
Siguiendo a Bobbio (1984), distinguimos entre poder legal (resultado del razonamiento normativo) y poder legítimo (manifestación del subconsciente colectivo). Este último responde al deseo de orden jerárquico estructural y es uno de los mecanismos del instinto social para mantener la sociedad estable: un chance de conservar la integridad a cambio de sumisión.
Me cuesta escribir sobre esto. Siento el dolor de la gente que está metida en esta prensa.
¿Pero por qué nosotros tenemos nuestra élite y la sangre no llega al río?
Durante la transición sucedió algo importante: españoles han decidido reconocer a todas las partes de la sociedad por la convivencia pacífica. Entre otras cosas ha sido reconocida la élite, que junto con todos formó el pacto de convivencia pacífica.
Si, los españoles han inventado la receta hace tiempo y aseguraron de esta manera la etapa más prospera en toda su historia: resultó ser, que cuando a la élite ofrecen la estabilidad y garantías de integridad (que no es siempre así con los autócratas: recordad a Sadam Hussein, Muamar el Gadafi… y sigue la lista), esta élite se ve motivada de mantener “status quo” y procura respetar las reglas. Además a todos ha sido dada la posibilidad de salir con dignidad, o sea: nadie ha sido ultrajado ni humillado.
¿Pero qué hacemos nosotros de cara a exterior? Nosotros salimos increpar al régimen autócrata: inexistencia del poder legal, de prácticas no democráticas, represiones… ¿Pero cuando este comportamiento ha servido de algo? Lo único, que el dictador al cepillar los dientes por la mañana sale en la tele con el discurso: nos odia todo el mundo, pero es imposible doblegar nuestra voluntad: nos están etiquetando porque tenemos otro camino de desarrollo y con sus sanciones y con sus abucheos quieren acabar con nuestra voluntad, pero nosotros unidos, todos juntos…alrededor del líder, etc.
¿Y qué ha pasado? Poco más que ofrecerle un discurso de justificación. Recuérdeme, estimado lector: ¿Cuándo esta postura política realmente ha resuelto algo? ¿Y si realmente es tan inútil, porque seguimos? En consecuencia hoy me es difícil de buscar las citas: son muchas preguntas y pocas respuestas… Todavía. Porque mi plan ha sido en llevarte a estas preguntas, estimado lector. Entonces: El mundo está pasando por la transformación. Los puntos de apoyo que parecieron estables ya no lo son, salen a la luz nuevas potencias y buscan cambiar las reglas, en Europa otra vez tenemos que hablar de la guerra y las autócratas en todo el mundo levantan las cabezas; en definitiva:
¿Y nosotros qué? Somos una de las naciones más antiguas y con enorme experiencia a las espaldas. Si en este mundo cambiante adoptamos una postura pasiva – inevitablemente acabaremos en la periferia política y lo único que nos va a quedar – es ofrecer nuestro sol y playa.
Próximo artículo está planificado para proponer el proyecto para España que permite entrar en el futuro sin miedo, con propuesta para abrir nuevos caminos de desarrollo para muchas naciones, obtener muchos nuevos amigos, establecerse en el mundo emergente como nueva referencia intelectual, política, cultural. Mi plan ha consistido en la publicación de estas propuestas, solo que artículos anteriores han fundado la base de ellas.
Así que tenemos que coger al toro por los cuernos: la historia no espera. Si una posibilidad no se aprovecha, la estafeta pasa al siguiente participante.
Bibliografía:
Bobbio, N. (1984). “El futuro de la democracia”. Fondo de Cultura Económica.
Mosca, G. (2007). La clase política. Madrid: Tecnos. (Obra original publicada en 1896)
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