LA BASE TEÓRICA. 1ª PARTE
Letra pequeña:
Si vamos a hablar en serio de política, empecemos por la materia prima: el cerebro humano. Saber cómo funciona es indispensable para entender de qué somos capaces, dónde están nuestros límites y cómo podemos manejarlos. Sin ciencia, cualquier proyecto es humo.
LA NATURALEZA DE LA CONDUCTA HUMANA
Empecemos por un hecho obvio, pero olvidado: no descendemos de los primates — somos primates (Dawkins, 2004, p. 5). Todos compartimos un ancestro que, gracias a una estrategia de supervivencia eficaz, se expandió por entornos diversos, adaptándose a los cambios cíclicos del planeta (Darwin, 1859/2023, p. 115).
Esto explica por qué tenemos tanto en común con otros primates y por qué estudiarlos nos ayuda a entender quiénes somos (de Waal, 2005, p. 17). Sin embargo, lo que realmente nos hace únicos no es el pulgar o la postura erguida, sino nuestra capacidad de pensamiento abstracto: podemos imaginar lo que no vemos, combinar ideas y materializar proyectos (Pinker, 1994).
Todo esto es posible gracias a la corteza cerebral, la parte más joven y sofisticada de nuestro cerebro. Pero, por refinada que sea, sigue siendo esclava de algo más primitivo: el sustrato que impulsa nuestros instintos (Damasio, 1994, p. 128). El córtex solo busca la forma más eficaz de satisfacer impulsos que nacen en lo profundo.
Por eso, para entender nuestra conducta, hay que mirar dentro de estos mecanismos. Y aquí defiendo una idea clara: el motor que nos ha elevado por encima del resto de los simios es el instinto social.
Todos los primates viven en grupo. Es una constante tan evidente que revela lo profundo de nuestro instinto social: resolver problemas en equipo es parte de nuestra estrategia de supervivencia desde el inicio.
INSTINTO SOCIAL VS. INSTINTO REPRODUCTIVO
En tiempos de calma —cuando la supervivencia inmediata no es prioridad— el instinto reproductivo hace ruido constante en nuestra cabeza. Freud tenía razón: es básico (Freud, 1905, p. 56). Pero si miramos de cerca, vemos que fluye dentro del cauce social.
Elegir pareja no es azaroso: cuenta el estatus, el poder, el prestigio. El éxito reproductivo siempre ha estado ligado a la posición en la jerarquía. El inconsciente colectivo lo sabe bien: de ahí tantos chistes sobre secretarias y jefes.
Si el sexo fuera lo principal, seríamos como conejos: máxima fecundidad, mínima sociabilidad.
Letra pequeña: Este párrafo va dedicado a Enrique I de Inglaterra: solo un ser humano auténtico puede morir de un atragantamiento.
INSTINTO SOCIAL VS. INSTINTO DE AUTODEFENSA
Ante una amenaza, la supervivencia prima. O eso pensamos. La evolución cuenta otra historia: la reconfiguración de la laringe para hablar articuladamente incrementó el riesgo de atragantarse (Pinker, 1994). Es decir, priorizamos comunicarnos, aunque nos cueste la vida.
En España, en 2017, más de 2.300 personas murieron atragantadas: tercera causa no natural de muerte.
Letra pequeña: Lo curioso es que un órgano oficial clasifica morir atragantado como «no natural». Como dijo Joseph de Maistre: tenemos los gobernantes que merecemos.
La conclusión es clara: posicionarse dentro del grupo fue —y es— más importante que proteger la vida individual.
CONCLUSIÓN
Todo lo anterior demuestra que el instinto social es el motor principal de nuestra especie. Si queremos proyectos políticos que funcionen, empecemos por reconocerlo: ir contra nuestra base social es escupir contra el viento.
Letra pequeña: Se puede escupir contra el viento, pero luego no te quejes.
La próxima charla: las leyes internas de este instinto social.
Hasta entonces, lector pensante: preguntas, críticas y propuestas constructivas son bienvenidas.
Bibliografía
- Dawkins, R. (2004). The Ancestor’s Tale: A Pilgrimage to the Dawn of Life. Boston: Houghton Mifflin.
- Darwin, C. (1859/2023). El origen de las especies. Madrid: Alianza Editorial.
- de Maistre, J. (1851). Lettres et Opuscules Inédits. Lyon: Rusand.
- de Waal, F. (2005). El mono que llevamos dentro. Barcelona: Tusquets Editores.
- Pinker, S. (1994). The Language Instinct: How the Mind Creates Language. New York: William Morrow.
- Damasio, A. (1994). El error de Descartes: La emoción, la razón y el cerebro humano. Barcelona: Editorial Destino.
- Freud, S. (1905/2023). Tres ensayos de teoría sexual. Madrid: Alianza Editorial.